PEONAJE EN LA COLONIA.
Peonaje es la denominación del proceso de conformación del sistema de mano de obra asalariada, inicialmente agrícola y por períodos con rasgos de servidumbre feudal, en Hispanoamérica.
Peonaje por deudas
El peonaje era un privilegio por el que el terrateniente podía retener a los peones y obligarles a trabajar gratuitamente en sus haciendas hasta la completa cancelación de las deudas que hubiesen contraído. Estos empeños, pagaderos con el trabajo futuro, eran, además, transmisibles de padres a hijos, lo que de hecho los convertía en una forma de servidumbre. Este tipo de peonaje se convirtió en constante fuente de abusos ya que, por lo general, era el propio hacendado quien fijaba el valor del trabajo, así como el de las mercancías en las tiendas de raya o pulperías de la hacienda. Por otra parte, «ser un peón por deudas, no era menos deseable que ser un arrendatario o un aparcero precario».8 Suele considerarse como una de las causas de la inestabilidad social y política de México durante todo el siglo XIX y comienzos del siglo XX, cuando fue derogado su carácter transmisible y, finalmente, abolido.
Referencias «Las formas de trabajo en la Nueva España». Consultado el 5 de febrero de 2016.
El indio como categoría colonial
El indio nace cuando Colón toma posesión de la isla San
Salvador a nombre de los Reyes
Católicos. Antes del descubrimiento europeo la población del Continente
Americano estaba formada por una gran cantidad de sociedades diferentes, cada
una con su propia identidad, que se hallaban en grados distintos de desarrollo
evolutivo: desde las altas civilizaciones de Mesoamérica y los Andes, hasta las
bandas recolectoras de la floresta amazónica. Aunque había procesos de
expansión de los pueblos más avanzados (incas y mexicas, por ejemplo) y se
habían consolidado ya vastos dominios políticamente unificados, las sociedades prehispánicas
presentaban un abigarrado mosaico de diversidades, contrastes y conflictos en
todos los órdenes. No había «indios» ni concepto alguno que calificara de
manera uniforme a toda la población del Continente .
Esa gran diversidad interna queda anulada desde el
momento mismo en que se inicia el proceso de conquista: las poblaciones
prehispánicas van a ver enmascarada su especificidad histórica y se van a
convertir, dentro del nuevo orden colonial, en un ser plural y uniforme: el
indio/los indios. La denominación exacta varió durante los primeros tiempos de
la colonia; se habló de «naturales» antes de que el error geográfico volviera
por sus fueros históricos y se impusiera el término de indios. Pero, a fin de
cuentas, lo que importa es que la estructura de dominio colonial impuso un
término diferencial para identificar y marcar al colonizado.
Esa categoría colonial (los indios) se aplicó indiscriminadamente
a toda la población aborigen, sin tomar en cuenta ninguna de las profundas
diferencias que separaban a los distintos pueblos y sin hacer concesión a las
identidades preexistentes. Tal actitud generalizante la comparten
necesariamente todos los sectores del mundo colonizador y se ejemplifica bien
en los testimonios que revelan la mentalidad de los misioneros: para ellos, los
indios eran infieles, gentiles, idólatras y herejes. No cabe en esta visión
ningún esfuerzo por hacer distinciones entre las diversas religiones
prehispánicas; lo que importa es el contraste, la relación excluyente frente a
la religión del conquistador. Así, todos los pueblos aborígenes quedan
equiparados, porque lo que cuenta es la relación de dominio colonial en la que
sólo caben dos polos antagónicos, excluyentes y necesarios: el dominador y el
dominado, el superior y el inferior, la verdad y el error.
En el orden colonial el indio es el vencido, el
colonizado. Todos los dominados, real o potencialmente, son indios: los incas y
los piles, los labradores y los cazadores, los nómadas y los sedentarios, los
guerreros y los sacerdotes; los que ya están sojuzgados y los que habitan más
allá de la frontera colonial, siempre en expansión; los próximos, los conocidos
sólo por referencias y los que apenas se imaginan o se intuyen. De una sola
vez, al mismo tiempo, todos los habitantes del mundo americano precolonial
entran en la historia europea ocupando un mismo sitio y designados con un mismo
término: nace el indio, y su gran madre y comadrona es el dominio colonial.
FUENTE: El concepto de indio en América. Por Guillermo Bonfil
Batalla*
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