domingo, 28 de septiembre de 2014

NACIONALISMO EMANADO DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA






Ernest Gellner lanzó en los años ochenta del siglo pasado un estudio llamado Naciones y Nacionalismo(1983/1991) con el que pretendía explicar el fenómeno desde una visión en apariencia integradora. Primero, el estudio aborda las definiciones de rigor y centra su atención en el carácter político del nacionalismo y su relación congruente con la unidad nacional (Gellner, 1983/1991, p.13). Para Gellner habría dos elementos
básicos dentro de la expresión del nacionalismo:
              Ya sea como sentimiento, ya como movimiento, la mejor manera de definir el
              nacionalismo es atendiendo a este principio. Sentimiento nacionalista es el estado de
             enojo que suscita la violación del principio o el de satisfacción que acompaña a su
           realización. Movimiento nacionalista es aquel que obra impulsado por un sentimiento
           de este tipo (Gellner, 1983/1991, p.13).

Elementos del nacionalismo de la Revolución
El preludio a la concepción del nacionalismo forjado durante los años de la Revolución (1910-1917), lo constituyeron diversos acontecimientos que impactaron en la conciencia de los mexicanos, entre los cuales deben enlistarse la pérdida de más de la mitad del territorio ante Estado Unidos, la intervención francesa, cuyo fracasó se debido al patriotismo y acción política de Benito Juárez y la paz porfiriana que permitió la consolidación del nacionalismo como lo prueba, por ejemplo, la inauguración de la Universidad Nacional de México, en 1910. Desde la sociedad civil también se contribuyó al respecto como lo testimonia la creación del Partido Liberal Mexicano, por Ricardo Flores Magón, o la magna obra de Andrés Molina Enríquez, "Los grandes problemas nacionales" (1909).
Pienso que el nacionalismo que emergió de la Revolución no contradijo los rasgos del forjado durante la Independencia, pues los consolidó adecuándolos a los nuevos tiempos, y los enriqueció con otros elementos, como los que enlisto a continuación.
1. La democracia formal. El despertar del nacionalismo mexicano en el siglo XX lo motivó la entrevista que Porfirio Díaz concedió al periodista James Creelman del Pearson’ Magazine que, traducida al español, reprodujo periódico El Imparcial de la ciudad de México, específicamente con su declaración: “He esperado pacientemente porque llegue el día en que el pueblo de la República Mexicana esté preparado para escoger y cambiar sus gobernantes en cada elección, sin peligro de revoluciones armadas, sin lesionar el crédito nacional y sin interferir con el progreso del país. Creo que, finalmente, ese día ha llegado”.
Como sabemos, le tomó la palabra Francisco I. Madero quien desarrolló una estrategia de posicionamiento electoral que incluyó 1) la organización del Centro Anti-reeleccionista de México en cuyo manifiesto de 1909 se recoge el planteamiento del dictador: “El general Díaz ha manifestado el deseo de que la Nación haga uso de sus derechos y externó la opinión de que el pueblo está ya apto para la democracia”) escribió el libro La sucesión presidencial en 1910, en la cual justificó su participación en la lid electoral al señalar: “El único sentimiento que me guíe, será el amor a la patria…” y para combatir el poder de los científicos, pues la “República Mexicana está actualmente
gobernada por una dictadura militar que ejerce el poder absoluto, aunque moderadamente…”.
La afrenta electoral de Madero fue enfrentada por la dictadura con fraude y cárcel, por lo que luego de su excarcelación difundió el “Plan de San Luis Potosí” donde convocó al pueblo a levantarse en armas, el 20 de noviembre de 1910, a las 18:00 horas, para echar del poder a Porfirio Díaz con el lema “Sufragio efectivo. No reelección” y para sustanciar su proclama invocó la conciencia nacional, la voluntad nacional, las instituciones nacionales, e informó: “5°. Asumo el carácter de Presidente Provisional de los Estados Unidos Mexicanos con las facultades necesarias para hacer la guerra al Gobierno usurpador del general Díaz”. La democracia formal como nutriente del nacionalismo impulsado por el maderismo queda exhibido a la mera negociación cuando justifica: “… está en la conciencia nacional que hice todo lo posible para llegar a un arreglo pacífico y estuve dispuesto hasta renunciar mi candidatura siempre que el general Díaz hubiese permitido a la Nación designar aunque fuese al Vicepresidente de la República…”
2. Cultivo del sentimiento de grandeza del país. La Revolución inspiró un nacionalismo orientado a explayar las realizaciones mexicanas o reconducirlas. Tal sería el caso de la Universidad Nacional de México por lo que los zapatistas plantearon como uno de los puntos de su “Programa de reformas político-sociales de la Revolución”, suscrito en Jojutla, el 18 de abril de 1916, en el “Art. 13. Emancipar la Universidad Nacional”, pues su situación era lamentable, como el mismo presidente Venustiano Carranza lo informó el 1° de septiembre de 1917, al leer: “… creada en 1910 para impresionar al extranjero con una  idea muy alta de nuestra cultura, prácticamente no había llegado a funcionar”. Al ser refundada por José Vasconcelos trascendería la visión chauvinista pues, recuerda Leopoldo Zea: “En el escudo de la Universidad Nacional quedó expresada la vocación de la misma, lo nacional como expresión de una vocación más amplia, de una nación de naciones, de la patria grande…”, Latinoamérica y su propensión a la universalización de sus quehaceres.
Esa inspiración la proporcionaron los iniciadores de la Revolución, pues en su “Manifiesto a la Nación” el Centro Anti-reeleccionista de México ya planteaba como principios de su participación electoral de 1910: “El primero, para salvar a la República de las guerras del absolutismo, volver a los Estados su soberanía, a los Municipios su libertad, a los ciudadanos sus prerrogativas, a la Nación su grandeza”.
Otros argumentos dados en el mismo sentido que alimentaron el nacionalismo desde esta perspectiva fue pugnar por la dignidad de la nación, su progreso.
3. Integracionismo cultural. Quizá el elemento más distintivo del nacionalismo forjado por la Revolución fue el énfasis puesto en las singularidades culturales de los mexicanos, por lo cual se desplegó todo un proyecto político de homogeneización étnica, cuya expresión acabada lo representaría el mestizaje. 
Fue precisamente Manuel Gamio quien se erigió en el paradigma codificador de esta perspectiva del nacionalismo. Su obra Forjando patria (1916) así lo prueba:
Cuando… hayan sido incorporadas a la vida nacional nuestras familias indígenas, las fuerzas que hoy oculta el país en estado latente y pasivo, se transformarán en energías dinámicas inmediatamente productivas y comenzará a fortalecerse el verdadero sentimiento de nacionalidad, que hoy apenas existe disgregado entre grupos sociales que difieren en tipos étnicos y en idioma y divergen en cuanto a concepto y tendencias culturales.
Así propuso la integración nacional mediante la homogeneización cultural a través de la enseñanza del castellano a todos los grupos étnicos; sentó las bases con las que los regímenes posrevolucionarios impulsarán la mexicanización de los indios.
4. Antiimperialismo. Esta fuente del nacionalismo construido durante la Revolución la inició Luis Cabrera quien explicitó, al analizar las causas de ésta, que surgió por el caciquismo, el peonismo, el fabriquismo, el hacendismo, el cientificismo y el “… extranjerismo: o sea el predominio y la competencia ventajoso que ejercen en todo género de actividades los extranjeros sobre los nacionales, a causa de la situación privilegiada que les resulta de la desmedida protección que reciben de las autoridades y del apoyo y vigilancia de sus representantes diplomáticos”. Esa posición se consolidó en el sentimiento de los mexicanos con las intervenciones norteamericanas sucedidas durante la lucha revolucionaria por atentar contra la soberanía y por la explotación de recursos naturales. 
También sustanció esta perspectiva del nacionalismo las propuestas hechas por varios revolucionarios de nacionalizar propiedades para entregarlas a sus legítimos dueños. Eso lo planteó “El Plan de Ayala” en su punto “8°. Los hacendados, científicos o caciques que se opongan directa o indirectamente al presente plan, se nacionalizarán sus bienes…”,35 propuesta que fue recogida en la “Ley agraria”, del 28 de octubre de 1915, en cuyo “Artículo 6º. Se declaran de propiedad nacional los predios rústicos de los enemigos de la Revolución”.


Como resultado de lo anterior existe  un relativo ejercicio de los valores nacionalistas de México, pues para entender este nacionalismo inducido a la población (principalmente mestiza) se le conoce como cultura de masas. En ella se busca penetrar en las ideas y conductas cotidianas de la gente. El fútbol es una muestra de nacionalismo inducido que enajena y apasiona tanto a la afición como a quienes no tienen una presencia de dicho deporte. La izquierda mexicana ha denunciado que los medios de comunicación siguen siendo el principal instrumento de educación para mantener el control de las masas.
Los nuevos iconos de la cultura comercial mexicana son fetiches que aluden a los colores de la bandera nacional como sucede en otros países, retoman algunas prendas de trajes regionales como sombreros, penachos, jorongos, rebozos y banderas.
Existe un severa contradicción en ciertas tendencias del nacionalismo mexicano, pues los mexicanos discriminan por igual a los españoles y a los amerindios;[ ambas razas que conforman mayoritariamente la consanguinidad de la gente de este país. Se tiene la imagen de tres Méxicos diferentes principalmente, compartiendo el mismo territorio; por un lado, los mestizos bajo una identidad unificada por símbolos, por otro lado, los descendientes directos de españoles (los llamados antiguamente criollos) y descendientes de otros inmigrantes europeos posteriormente a la independencia (generalmente la elite del país), y el de los indígenas, siendo este último el grupo más desfavorecido económicamente pero con una sobresaliente presencia cultural. Por otro lado, existe una cuarta imagen generalmente ignorada y rechazada por varios mexicanos, la cual es la presencia afromexicana, la cual ha influido culturalmente a estados como Veracruz, Oaxaca, Guerrero y Tabasco y que a pesar de haber contribuido étnicamente a menor escala y que se ha mestizado hasta cierto punto, es notoria en las costas del sur del país.