miércoles, 26 de septiembre de 2018

LA INVENCIÓN DEL INDIO Y LA FORMACIÓN DE LA SOCIEDAD NOVOHISPANA

PEONAJE EN LA COLONIA.



Peonaje es la denominación del proceso de conformación del sistema de mano de obra asalariada, inicialmente agrícola y por períodos con rasgos de servidumbre feudal, en Hispanoamérica.

Peonaje por deudas
El peonaje era un privilegio por el que el terrateniente podía retener a los peones y obligarles a trabajar gratuitamente en sus haciendas hasta la completa cancelación de las deudas que hubiesen contraído. Estos empeños, pagaderos con el trabajo futuro, eran, además, transmisibles de padres a hijos, lo que de hecho los convertía en una forma de servidumbre. Este tipo de peonaje se convirtió en constante fuente de abusos ya que, por lo general, era el propio hacendado quien fijaba el valor del trabajo, así como el de las mercancías en las tiendas de raya o pulperías de la hacienda. Por otra parte, «ser un peón por deudas, no era menos deseable que ser un arrendatario o un aparcero precario».8 Suele considerarse como una de las causas de la inestabilidad social y política de México durante todo el siglo XIX y comienzos del siglo XX, cuando fue derogado su carácter transmisible y, finalmente, abolido.
Referencias «Las formas de trabajo en la Nueva España». Consultado el 5 de febrero de 2016.





El indio como categoría colonial
El indio nace cuando Colón toma posesión de la isla San Salvador  a nombre de los Reyes Católicos. Antes del descubrimiento europeo la población del Continente Americano estaba formada por una gran cantidad de sociedades diferentes, cada una con su propia identidad, que se hallaban en grados distintos de desarrollo evolutivo: desde las altas civilizaciones de Mesoamérica y los Andes, hasta las bandas recolectoras de la floresta amazónica. Aunque había procesos de expansión de los pueblos más avanzados (incas y mexicas, por ejemplo) y se habían consolidado ya vastos dominios políticamente unificados, las sociedades prehispánicas presentaban un abigarrado mosaico de diversidades, contrastes y conflictos en todos los órdenes. No había «indios» ni concepto alguno que calificara de manera uniforme a toda la población del Continente .
Esa gran diversidad interna queda anulada desde el momento mismo en que se inicia el proceso de conquista: las poblaciones prehispánicas van a ver enmascarada su especificidad histórica y se van a convertir, dentro del nuevo orden colonial, en un ser plural y uniforme: el indio/los indios. La denominación exacta varió durante los primeros tiempos de la colonia; se habló de «naturales» antes de que el error geográfico volviera por sus fueros históricos y se impusiera el término de indios. Pero, a fin de cuentas, lo que importa es que la estructura de dominio colonial impuso un término diferencial para identificar y marcar al colonizado.
Esa categoría colonial (los indios) se aplicó indiscriminadamente a toda la población aborigen, sin tomar en cuenta ninguna de las profundas diferencias que separaban a los distintos pueblos y sin hacer concesión a las identidades preexistentes. Tal actitud generalizante la comparten necesariamente todos los sectores del mundo colonizador y se ejemplifica bien en los testimonios que revelan la mentalidad de los misioneros: para ellos, los indios eran infieles, gentiles, idólatras y herejes. No cabe en esta visión ningún esfuerzo por hacer distinciones entre las diversas religiones prehispánicas; lo que importa es el contraste, la relación excluyente frente a la religión del conquistador. Así, todos los pueblos aborígenes quedan equiparados, porque lo que cuenta es la relación de dominio colonial en la que sólo caben dos polos antagónicos, excluyentes y necesarios: el dominador y el dominado, el superior y el inferior, la verdad y el error.
En el orden colonial el indio es el vencido, el colonizado. Todos los dominados, real o potencialmente, son indios: los incas y los piles, los labradores y los cazadores, los nómadas y los sedentarios, los guerreros y los sacerdotes; los que ya están sojuzgados y los que habitan más allá de la frontera colonial, siempre en expansión; los próximos, los conocidos sólo por referencias y los que apenas se imaginan o se intuyen. De una sola vez, al mismo tiempo, todos los habitantes del mundo americano precolonial entran en la historia europea ocupando un mismo sitio y designados con un mismo término: nace el indio, y su gran madre y comadrona es el dominio colonial.

FUENTE: El concepto de indio en América. Por Guillermo Bonfil Batalla*   




martes, 21 de agosto de 2018

LA CONDICIÓN MULTIÉTNICA Y LA FORMACIÓN DE LA CULTURA NACIONAL

Sociedad multiétnica
Las sociedades multiétnicas, a diferencia de las sociedades nacionalistas, integran diferentes grupos étnicos, sin importar diferencias de cultura, raza e historia, bajo una identidad social común mayor que la «nación» en el sentido convencional. Todas las grandes ciudades pueden ser consideradas sociedades multiétnicas, incluso aquellas en las que la intolerancia étnica es anormal.
Las sociedades multiétnicas desarrollan Estados Multiculturales y Federativos. Multiculturales en el sentido que incluyen en su seno la convivencia pacífica de varias culturas, etnias, lenguas, confesiones, estilos de vida, etc. Federativos en el sentido que delegan dentro de una misma Confederación su administración en Estados Autónomos, Regiones Autónomas, Municipios Autónomos y Localidades Autónomas. A menudo se llama a este tipo de Estados como Federación Multicultural.
También, muchas naciones que todavía hoy son consideradas monoétnicas tienen sus orígenes en un proceso más o menos violento de fusión o mezcla.
Hay una distinción entre una sociedad, una nación, un pueblo y un estado. Véase estado multinacional para los matices políticos y militares de dicha tipología estatal. Sin embargo, existe bastante solapamiento entre la cuestión de dirigir un estado, y la de encontrar una identidad común como nación.
Posibles causas del fracaso de una sociedad multiétnica
A causa de la heterogeneidad cultural, las sociedades multiétnicas en general son más frágiles y cuentan con mayor riesgo de conflictos. En el peor caso estos conflictos pueden originar su colapso. Ejemplos recientes fueron la desintegración de Yugoslavia y la separación pacífica de Checoslovaquia. La mezcla o coexistencia forzada de grupos étnicos diferentes puede ser la causa de la aparición de tendencias nacionalistas y racistas que con el paso de los años pueden tomar tanta fuerza que sean capaces de destruir una sociedad multiétnica.









NO PUEDEN ADQUIRIR LA CANASTA BÁSICA, 3.2 MILLONES
En pobreza, 71% de los indígenas en México
El Coneval presentó su Informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social 2018 (IEPDS).

Héctor Molina09 de agosto de 2018, 23:28


El Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) informó que, en el marco del Día Internacional de los Pueblos Indígenas, las personas pertenecientes a los pueblos originarios de México padecen carencias en todos sus derechos sociales.
Cabe señalar que los derechos sociales que tiene todo mexicano son los accesos a educación, alimentación, seguridad social, salud, vivienda y bienestar económico.
No obstante, de acuerdo con el Coneval y su Informe de Evaluación de la Política de Desarrollo Social 2018 (IEPDS) 71.9% de los indígenas del país, equivalentes a 8.3 millones de personas, padecía pobreza hasta el 2016.
De ellos, 3.2 millones no tienen la capacidad económica para adquirir la canasta básica y tenían carencia en al menos otros dos derechos sociales, lo que los posicionó en situación de pobreza extrema.
En este sentido, también hasta los indicadores del 2016, siete de cada 10 indígenas —de los casi 11 millones que viven en México— “con al menos un empleo” percibían sólo un salario mínimo.
“En 2015, seis estados del país concentran 64.8% de la población indígena: Oaxaca, Chiapas, Veracruz, Estado de México, Puebla y Yucatán. Cinco de estas entidades tienen niveles de pobreza superiores al porcentaje nacional (43.6%), entre éstas destacan Oaxaca y Chiapas con 70.4 y 77.1%, respectivamente”, precisó el Coneval.
En términos educativos, la población indígena presenta un elevado número de personas que aún no saben leer y escribir que asciende a 19.8 % de la población que se encuentra entre los 30 y 64 años; en comparación con los demás grupos poblacionales del país la misma condición la padece 4.3 % en promedio.
“En la población indígena de 65 o más años, el analfabetismo es de 52.9% y el rezago educativo alcanza 82.4%”, indicó el Coneval.
Asimismo, en concordancia con los datos del instituto de evaluación de la pobreza, uno de cada dos indígenas en promedio contaba con el nivel completo de primaria.
Por otra parte, en materia de seguridad social, que de hecho es la carencia que más mexicanos padecen en el país según el Coneval, es también, dentro de la población indígena, la carencia más extendida ya que 77.6 %, es decir, unos 8.9 millones de personas, no contaba con seguridad social.
Asimismo en materia de servicios públicos, 19.9 % de la población indígena carecía, de acuerdo con las últimas mediciones del Coneval, de agua potable en su casa, en comparación con la demás población que registró esta carencia en 6.8 de los hogares.

https://www.eleconomista.com.mx/politica/En-pobreza-71-de-los-indigenas-en-Mexico-20180809-0145.html

domingo, 12 de octubre de 2014

LA INSERCIÓN DE LA ECONOMÍA NOVOHISPANA EN EL SISTEMA ECONÓMICO MUNDIAL: ACTIVIDADES Y ORGANIZACIÓN PARA LA PRODUCCIÓN

ASPECTOS ECONÓMICOS DE LA COLONIA.

1.- Política económica de España.

La política económica seguida por España en la Colonia se caracterizó por obstaculizar el progreso lógico en todos sus aspectos: estableció el régimen de propiedad privada de la tierra e impulsó el latifundismo en sus formas laica y eclesiástica; implantó un sistema de prohibiciones con respecto a ciertos cultivos; favoreció el monopolio y el estanco como medios de impedir el libre comercio; protegió a la industria metropolitana evitando la creación de una industria nacional y monopolizó el tráfico del comercio con el exterior.

2.- El régimen de la propiedad.

A raíz de la conquista, toda la tierra fue considerada propiedad del Rey de España, aunque éste la enajenaba a favor de sus súbditos, ya haciéndoles merced (merced real).

Propiedad comunal: A las ciudades, villas y pueblos indígenas se les respetó la propiedad comunal, que consistía principalmente en montes para hacer leña, pastos para los ganados y ejidos o lugares cercanos a las poblaciones destinados a descargar y limpiar las cosechas de los vecinos.


Propiedad particular: los latifundios eran de propiedad particular y de propiedad eclesiástica.

El latifundio particular recibió el nombre de hacienda. La mayoría de sus dueños vivía en la ciudad y sólo se preocupaba por recoger la renta de sus tierras. Había veces que ni las conocían, ni se preocupaban por mejorar sus cultivos, ni sabían administrarlas. Con frecuencia las hipotecaban a los principales prestamistas de entones: el clero o los mineros acaudalados.

El más rico y poderoso de todos los propietarios fue el clero. Acrecentó sus bienes principalmente a través de mercedes reales, donativos de particulares, préstamos con interés, diezmos y primicias de todos los productos de la tierra, dotes de las mujeres que entraban en religión, derechos parroquiales, mandas y legados y el privilegio de no pagar impuestos al Estado.

De este modo la propiedad se fue estancando y sustrayéndose a la circulación, debido también a la creación de los mayorazgos (costumbre de heredar con todos los bienes inmuebles al primogénito, quien sólo podía transmitirlos de igual modo a su sucesor) Los bienes raíces, tanto de los mayorazgos como de la Iglesia, se llamaban bienes de manos muertas, porque no podían enajenarse ni hacerse circular.





3.- La agricultura.

Las causas del atraso en la agricultura en la época colonial mexicana fueron las siguientes: La mala distribución de la tierra, que originó el latifundismo; los mayorazgos, cuyos poseedores estaban ausentes o no tenían interés en sus propiedades; los bienes de manos muertas, que dejaban sin cultivar grandes extensiones; la falta de buenos sistemas de irrigación, y la prohibición para ciertos cultivos.

Aunado a esto, los españoles, los mestizos y los criollos consideraban a la agricultura una ocupación inferior, por esta razón las haciendas estuvieron en manos de capataces negros, los dueños se conformaron con tener una renta anual sin que les interesara realizar mejora alguna.

4.- La industria.

Todas las leyes dictadas por el Consejo de Indias en materia de industria tuvieron un carácter prohibitivo para la Nueva España. No se permitió la fabricación de vinos, ni la elaboración de sedas. Al efecto se mandaron destruir inmensos plantíos de caña de azúcar, de vid y de moreras.

La Corona Española no ahogaba las iniciativas de producción industrial, sino las frenaba para que ellas se mantuvieran en nivel que a ella convenía.

Los obrajes. Las industrias carecieron de capitales que permitieran la introducción y renovación de maquinaria. Las primeras fábricas que hubo en México recibieron el nombre de obrajes. La vida que llevaron los trabajadores era verdaderamente espantosa. Se les mantenía presos por deudas, se les azotaba por la menor falta hasta matarlos a golpes, y sin darles casi de comer, se les encerraba en piezas subterráneas, mezclados con criminales. Todo esto a pesar de que las leyes lo prohibían.

Los gremios. El taller artesano de españoles, en cambio, disfrutó de privilegios. Estaban agrupados, por la religión, en cofradías, bajo el patronato de algún santo; por la ley, en gremios. Cada oficio tenía el suyo, minuciosamente reglamentado por medio de ordenanzas que prohibían, entre otras cosas, admitir como miembros a los indios, negros y mulatos.

Como todo estaba reglamentado, y nadie podía apartarse de la regla, el progreso industrial se estancó por completo. Las categorías de los trabajadores eran tres: aprendices, oficiales y maestros.

Principales industrias. Sin embargo de lo anterior, hubo algunas industrias: las de hilados y tejidos, que fabricaban telas groseras de lana y algodón, y las que elaboraban tabacos, azúcar y naipes. La explotación de la grana y del pulque fueron los menos perjudicados.

Centros industriales. Funcionaron industrias de hilados y tejidos en las ciudades e México, San Miguel el Grande, Guadalajara, Córdoba y Puebla.

Los estancos. Las industrias del tabaco, la pólvora, los naipes, los cordobanes, la nieve, la sal, el mercurio, etc., fueron estancos, estos es, constituyeron monopolios del gobierno, quien les fijaba precio a su antojo.


5.- Comercio Interior.

El comercio interior padeció de una serie de obstáculos en perjuicio de los consumidores, quienes adquirían los artículos con un recargo de cien a doscientos por ciento. Los numerosos impuestos, las cuadrillas de salteadores, la falta de vías de comunicación, la amenaza de tribus chichimecas, la escasez periódica de moneda, etc., obligaron a los consumidores a adquirir productos de contrabandistas holandeses, ingleses y franceses.

Rutas comerciales. El transporte de los artículos y mercancías se hizo por los caminos más frecuentados por el comercio, que eran: 1) el de México a Veracruz, por Puebla y Jalapa; 2) el de México a Acapulco, por Chilpancingo; 3) el de México a Guatemala, por Oaxaca; 4) el de México a Santa Fe de Nuevo México, por Durango. Ramificaciones importantes fueron los caminos que iban de México a San Luis Potosí y Monterrey, y de México a Valladolid y Guadalajara.


Impuestos al comercio. Los principales impuestos mercantiles fueron: el derecho de avería, el almojarifazgo y la alcabala. El primero consistía en el pago de gastos de los buques reales que escoltaban las flotas; el segundo era el pago por entrada y salida de mercancías, y el tercero era otro pago a razón del 10% sobre el valor de las mercancías que llegaban a España por la primera venta que de ellas sé hacia; en la colonia sólo se pagaba el 6%.


7.- Organización de la Hacienda Pública.
La Real Hacienda se encargaba de controlar los ingresos y egresos del gobierno de la Colonia. Para ello dispuso de un complicado mecanismo de Oficiales Reales, los cuales controlaban la percepción de impuestos, la llegada de los barcos de España, la salida de los mismos, el funcionamiento de las industrias y el comercio, así como el reparto de lo ingresado en las Cajas Reales.

Ingresos. La fuente principal de ingresos eran los derechos reales sobre el producto de las minas (el Real Quinto)
El tributo o impuesto personal que pagaban los indios y las castas varió de cuatro reales a un peso y cincuenta centavos y a tres pesos que pagaban en el Siglo XVIII; estaban exceptuados las mujeres, los niños, los caciques, los enfermos y los milicianos. Lo más duro de este impuesto era que debían pagarlo por partida triple: al Rey, al cacique y al encomendero.
Otras fuentes de ingresos para la Corona fueron: la venta de empleos, los impuestos sobre sueldos civiles, los diezmos y los estancos de que ya hablamos.
El clero estaba exceptuado de pagar impuestos.

Impuestos al comercio. Los principales impuestos mercantiles fueron: el derecho de avería, el almojarifazgo y la alcabala. El primero consistía en el pago de gastos de los buques reales que escoltaban las flotas; el segundo era el pago por entrada y salida de mercancías, y el tercero era otro pago a razón del 10% sobre el valor de las mercancías que llegaban a España por la primera venta que de ellas sé hacia; en la colonia sólo se pagaba el 6%.

La amonedación. En 1536 fundó el Virrey Mendoza la Casa de Moneda, en la que se acuñaba plata y cobre, y desde 1675 se acuñó oro. Esta institución era la más grande del mundo y las monedas llamadas del “cuño mexicano” circulaban por toda la tierra.
Las monedas de plata fueron de a peso (onza de plata), de cuatro reales, dos reales, un real (1/8 de onza) y medio real.

Envíos a España y los situados. Hacia el último tercio del Siglo XVII los ingresos anuales de la Real Hacienda ascendían a veinte millones de pesos y los egresos se distribuían entre las remisiones a España (siete millones), otras para sostener varios establecimientos coloniales de Asia y América que no alcanzaban a cubrir sus gastos (situados), y que ascendían a unos tres millones, y el resto, o sea diez millones, para la administración de la Colonia entre gastos de guerra, pensiones, sueldos, cárceles y otros gastos.



8.- Condiciones económicas de los diversos grupos sociales.

La población de la Nueva España llegó a tener unos seis millones de habitantes, los cuales estuvieron divididos en cuatro grandes sectores: indios, mestizos y castas, criollos y peninsulares.

El sector más numeroso de la población colonial fue el de los indios. Eran despreciados y explotados por las demás clases sociales, estaban separados de ellas por el idioma y la civilización.  Se les castigaba despiadadamente y sus protestas siempre fueron ahogadas en sangre para escarmiento de los demás.

Esta situación de menosprecio hacia los indios despertó en éstos un odio profundo hacia los blancos, que con el tiempo tuvo que estallar en sublevaciones y motines sangrientos.

Los mestizos y castas. Producto de español e india los primeros y de las demás sangres los segundos, tenían una condición muy especial, pues mientras eran denigrados por los blancos, se sentían superiores a los indios, a quienes explotaban y tiranizaban. Algunos se dedicaban a la ganadería, a las armas, o bien a servir como artesanos o peones en las haciendas, la mayoría residía en las ciudades, donde formaban la plebe, conocida como léperos, “pelados”, etc.

Las castas pagaban tributo y se les marcaba para que jamás abandonaran su condición. Por ello vivían en un constante estado de odio hacia los blancos.

Los criollos eran los hijos de españoles nacidos en la Nueva España, formaban el sector más importante e ilustrado de la Colonia. Resultaban ser personas acomodadas cuando por derecho de primogenitura recibían cuantiosas herencias, si eran hijos menores se dedicaban a las profesiones más lucrativas de la época, como eran la carrera eclesiástica (donde ocupaban puestos secundarios), la abogacía, la medicina o la profesión de las armas, siempre estaban alejados de empleos de mando y bien retribuidos y aun eran desplazados de los centros comerciales.

Los puestos públicos que podían ocupar los criollos eran los del Ayuntamiento, bien por haber sido heredados (regidores perpetuos), o bien por haber resultado electos (regidores electivos) Tal situación les permitía cierta injerencia en los asuntos gubernamentales, donde se daban cuenta de la pésima administración que había.

Los peninsulares eran los españoles nacidos en Europa, y sólo venían a la Nueva España a enriquecerse. Formaban el sector privilegiado y constituían la minoría. En cambio, eran dueños de las fuerzas productoras y ocupaban los principales puestos en la administración, del ejército y de la iglesia. Sus riquezas, sus fueros y privilegios hicieron de ellos el grupo adicto a la dominación española, que se hizo odioso para los demás grupos sociales.



CONCLUSIÓN.
La situación general de la Nueva España a fines del Siglo XVIII era, en apariencia próspera. La política seguida en sus colonias por Carlos III, Rey de España, reanimó la economía del país, incrementando la producción minera, activando el comercio y aumentando la agricultura y las pequeñas industrias. La Ciudad de México, capital de la Nueva España, llegó a ser la más hermosa y grande de las ciudades de América.
Pero toda esta prosperidad era aparente. En el fondo de la sociedad colonial existía un profundo malestar, ocasionado por causas de carácter, social, político, económico y cultural, que determinaron, fundamentalmente, el odio irreconciliable entre un reducido sector de privilegiados y los otros grupos que integraban la población novohispana.

Otra causa de descontento era ver que de veinte millones de pesos que producía a la Corona la Nueva España salían del país más de diez, sin dejar en él ningún provecho, para ser invertidos en las otras colonias o en la península.
Además, la política económica de España, consistente en crear monopolios y estancos, así como prohibir la fabricación de determinadas mercancías y cultivar ciertas plantas con el fin de favorecer su comercio, provocó disgustos entre los criollos ilustrados, quienes pensaron en la independencia de la Nueva España como única medida para que éste disfrutara de sus propias riquezas.
Por otro lado, la distribución de la propiedad territorial era desastrosa. Numerosos latifundios sin explotación estaban en poder de los peninsulares, mientras la inmensa mayoría del pueblo carecía de una pequeña parcela y vivía en lugares apartados llevando una vida miserable. Los indios eran dueños de la propiedad comunal de sus pueblos; pero no podían disponer de ella sin el permiso de la Real Hacienda. Era justo y humano que también ellos pensaran en un cambio del orden establecido para aliviar su situación.


INSTRUCCIONES.

Contesta las siguientes preguntas.

¿Cuál es la característica más importante que tuvo la política económica de España con la Colonia?
¿Qué características en común  tenían  las formas de propiedad y trabajo de la Colonia ?
¿Cuál era la causa de que las leyes que regulaban el trabajo indígena fueran  ignoradas?
¿Qué características tiene el latifundio?
¿Cuáles son las características más importantes que tenía el peonaje?
¿Cuáles fueron las causas del atraso presentado en agricultura colonial?
Explica cuáles eran las principales diferencias entre los obrajes y los gremios.
Explica que efectos negativos tenían los estancos sobre la economía. 
Menciona las principales características que tenía el comercio interior de la Colonia y que afectaban su desarrollo.
Explica cuál era la situación económica de cada una de las clases sociales de la Colonia.


FUENTE: http://www.eumed.net/eve/resum/06-04/acd.htm



domingo, 28 de septiembre de 2014

NACIONALISMO EMANADO DE LA REVOLUCIÓN MEXICANA






Ernest Gellner lanzó en los años ochenta del siglo pasado un estudio llamado Naciones y Nacionalismo(1983/1991) con el que pretendía explicar el fenómeno desde una visión en apariencia integradora. Primero, el estudio aborda las definiciones de rigor y centra su atención en el carácter político del nacionalismo y su relación congruente con la unidad nacional (Gellner, 1983/1991, p.13). Para Gellner habría dos elementos
básicos dentro de la expresión del nacionalismo:
              Ya sea como sentimiento, ya como movimiento, la mejor manera de definir el
              nacionalismo es atendiendo a este principio. Sentimiento nacionalista es el estado de
             enojo que suscita la violación del principio o el de satisfacción que acompaña a su
           realización. Movimiento nacionalista es aquel que obra impulsado por un sentimiento
           de este tipo (Gellner, 1983/1991, p.13).

Elementos del nacionalismo de la Revolución
El preludio a la concepción del nacionalismo forjado durante los años de la Revolución (1910-1917), lo constituyeron diversos acontecimientos que impactaron en la conciencia de los mexicanos, entre los cuales deben enlistarse la pérdida de más de la mitad del territorio ante Estado Unidos, la intervención francesa, cuyo fracasó se debido al patriotismo y acción política de Benito Juárez y la paz porfiriana que permitió la consolidación del nacionalismo como lo prueba, por ejemplo, la inauguración de la Universidad Nacional de México, en 1910. Desde la sociedad civil también se contribuyó al respecto como lo testimonia la creación del Partido Liberal Mexicano, por Ricardo Flores Magón, o la magna obra de Andrés Molina Enríquez, "Los grandes problemas nacionales" (1909).
Pienso que el nacionalismo que emergió de la Revolución no contradijo los rasgos del forjado durante la Independencia, pues los consolidó adecuándolos a los nuevos tiempos, y los enriqueció con otros elementos, como los que enlisto a continuación.
1. La democracia formal. El despertar del nacionalismo mexicano en el siglo XX lo motivó la entrevista que Porfirio Díaz concedió al periodista James Creelman del Pearson’ Magazine que, traducida al español, reprodujo periódico El Imparcial de la ciudad de México, específicamente con su declaración: “He esperado pacientemente porque llegue el día en que el pueblo de la República Mexicana esté preparado para escoger y cambiar sus gobernantes en cada elección, sin peligro de revoluciones armadas, sin lesionar el crédito nacional y sin interferir con el progreso del país. Creo que, finalmente, ese día ha llegado”.
Como sabemos, le tomó la palabra Francisco I. Madero quien desarrolló una estrategia de posicionamiento electoral que incluyó 1) la organización del Centro Anti-reeleccionista de México en cuyo manifiesto de 1909 se recoge el planteamiento del dictador: “El general Díaz ha manifestado el deseo de que la Nación haga uso de sus derechos y externó la opinión de que el pueblo está ya apto para la democracia”) escribió el libro La sucesión presidencial en 1910, en la cual justificó su participación en la lid electoral al señalar: “El único sentimiento que me guíe, será el amor a la patria…” y para combatir el poder de los científicos, pues la “República Mexicana está actualmente
gobernada por una dictadura militar que ejerce el poder absoluto, aunque moderadamente…”.
La afrenta electoral de Madero fue enfrentada por la dictadura con fraude y cárcel, por lo que luego de su excarcelación difundió el “Plan de San Luis Potosí” donde convocó al pueblo a levantarse en armas, el 20 de noviembre de 1910, a las 18:00 horas, para echar del poder a Porfirio Díaz con el lema “Sufragio efectivo. No reelección” y para sustanciar su proclama invocó la conciencia nacional, la voluntad nacional, las instituciones nacionales, e informó: “5°. Asumo el carácter de Presidente Provisional de los Estados Unidos Mexicanos con las facultades necesarias para hacer la guerra al Gobierno usurpador del general Díaz”. La democracia formal como nutriente del nacionalismo impulsado por el maderismo queda exhibido a la mera negociación cuando justifica: “… está en la conciencia nacional que hice todo lo posible para llegar a un arreglo pacífico y estuve dispuesto hasta renunciar mi candidatura siempre que el general Díaz hubiese permitido a la Nación designar aunque fuese al Vicepresidente de la República…”
2. Cultivo del sentimiento de grandeza del país. La Revolución inspiró un nacionalismo orientado a explayar las realizaciones mexicanas o reconducirlas. Tal sería el caso de la Universidad Nacional de México por lo que los zapatistas plantearon como uno de los puntos de su “Programa de reformas político-sociales de la Revolución”, suscrito en Jojutla, el 18 de abril de 1916, en el “Art. 13. Emancipar la Universidad Nacional”, pues su situación era lamentable, como el mismo presidente Venustiano Carranza lo informó el 1° de septiembre de 1917, al leer: “… creada en 1910 para impresionar al extranjero con una  idea muy alta de nuestra cultura, prácticamente no había llegado a funcionar”. Al ser refundada por José Vasconcelos trascendería la visión chauvinista pues, recuerda Leopoldo Zea: “En el escudo de la Universidad Nacional quedó expresada la vocación de la misma, lo nacional como expresión de una vocación más amplia, de una nación de naciones, de la patria grande…”, Latinoamérica y su propensión a la universalización de sus quehaceres.
Esa inspiración la proporcionaron los iniciadores de la Revolución, pues en su “Manifiesto a la Nación” el Centro Anti-reeleccionista de México ya planteaba como principios de su participación electoral de 1910: “El primero, para salvar a la República de las guerras del absolutismo, volver a los Estados su soberanía, a los Municipios su libertad, a los ciudadanos sus prerrogativas, a la Nación su grandeza”.
Otros argumentos dados en el mismo sentido que alimentaron el nacionalismo desde esta perspectiva fue pugnar por la dignidad de la nación, su progreso.
3. Integracionismo cultural. Quizá el elemento más distintivo del nacionalismo forjado por la Revolución fue el énfasis puesto en las singularidades culturales de los mexicanos, por lo cual se desplegó todo un proyecto político de homogeneización étnica, cuya expresión acabada lo representaría el mestizaje. 
Fue precisamente Manuel Gamio quien se erigió en el paradigma codificador de esta perspectiva del nacionalismo. Su obra Forjando patria (1916) así lo prueba:
Cuando… hayan sido incorporadas a la vida nacional nuestras familias indígenas, las fuerzas que hoy oculta el país en estado latente y pasivo, se transformarán en energías dinámicas inmediatamente productivas y comenzará a fortalecerse el verdadero sentimiento de nacionalidad, que hoy apenas existe disgregado entre grupos sociales que difieren en tipos étnicos y en idioma y divergen en cuanto a concepto y tendencias culturales.
Así propuso la integración nacional mediante la homogeneización cultural a través de la enseñanza del castellano a todos los grupos étnicos; sentó las bases con las que los regímenes posrevolucionarios impulsarán la mexicanización de los indios.
4. Antiimperialismo. Esta fuente del nacionalismo construido durante la Revolución la inició Luis Cabrera quien explicitó, al analizar las causas de ésta, que surgió por el caciquismo, el peonismo, el fabriquismo, el hacendismo, el cientificismo y el “… extranjerismo: o sea el predominio y la competencia ventajoso que ejercen en todo género de actividades los extranjeros sobre los nacionales, a causa de la situación privilegiada que les resulta de la desmedida protección que reciben de las autoridades y del apoyo y vigilancia de sus representantes diplomáticos”. Esa posición se consolidó en el sentimiento de los mexicanos con las intervenciones norteamericanas sucedidas durante la lucha revolucionaria por atentar contra la soberanía y por la explotación de recursos naturales. 
También sustanció esta perspectiva del nacionalismo las propuestas hechas por varios revolucionarios de nacionalizar propiedades para entregarlas a sus legítimos dueños. Eso lo planteó “El Plan de Ayala” en su punto “8°. Los hacendados, científicos o caciques que se opongan directa o indirectamente al presente plan, se nacionalizarán sus bienes…”,35 propuesta que fue recogida en la “Ley agraria”, del 28 de octubre de 1915, en cuyo “Artículo 6º. Se declaran de propiedad nacional los predios rústicos de los enemigos de la Revolución”.


Como resultado de lo anterior existe  un relativo ejercicio de los valores nacionalistas de México, pues para entender este nacionalismo inducido a la población (principalmente mestiza) se le conoce como cultura de masas. En ella se busca penetrar en las ideas y conductas cotidianas de la gente. El fútbol es una muestra de nacionalismo inducido que enajena y apasiona tanto a la afición como a quienes no tienen una presencia de dicho deporte. La izquierda mexicana ha denunciado que los medios de comunicación siguen siendo el principal instrumento de educación para mantener el control de las masas.
Los nuevos iconos de la cultura comercial mexicana son fetiches que aluden a los colores de la bandera nacional como sucede en otros países, retoman algunas prendas de trajes regionales como sombreros, penachos, jorongos, rebozos y banderas.
Existe un severa contradicción en ciertas tendencias del nacionalismo mexicano, pues los mexicanos discriminan por igual a los españoles y a los amerindios;[ ambas razas que conforman mayoritariamente la consanguinidad de la gente de este país. Se tiene la imagen de tres Méxicos diferentes principalmente, compartiendo el mismo territorio; por un lado, los mestizos bajo una identidad unificada por símbolos, por otro lado, los descendientes directos de españoles (los llamados antiguamente criollos) y descendientes de otros inmigrantes europeos posteriormente a la independencia (generalmente la elite del país), y el de los indígenas, siendo este último el grupo más desfavorecido económicamente pero con una sobresaliente presencia cultural. Por otro lado, existe una cuarta imagen generalmente ignorada y rechazada por varios mexicanos, la cual es la presencia afromexicana, la cual ha influido culturalmente a estados como Veracruz, Oaxaca, Guerrero y Tabasco y que a pesar de haber contribuido étnicamente a menor escala y que se ha mestizado hasta cierto punto, es notoria en las costas del sur del país.